Bajo el cielo color arcilla,
la ciudad roja despierta al
alba,
donde el Atlas vigila
y la medina canta su alma.
Aromas de menta y
azafrán,
laberintos de luz y sombra,
los ecos de un tiempo que se van,
y una magia que te nombra.
Jemaa el-Fna enciende su fuego,
entre encantadores y el gentío,
Marrakech es un juego,
un latido vibrante y bravío.